Cientos de años, miles incluso,
arañando la tierra con sus propias manos,
cultivándola, mimándola,
y horadando bodegas
en las entrañas de sus colinas,
y bajo sus casas,
para guardar como un tesoro preciadísimo,
el fruto de aquellas cepas
rugosas y retorcidas
que emergían de la tierra inerte,
buscando el sol.
RIBERA DEL ARLANZA