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Cientos de años, miles incluso,
arañando la tierra con sus propias manos, cultivándola, mimándola, y horadando bodegas en las entrañas de sus colinas, y bajo sus casas, para guardar como un tesoro preciadísimo, el fruto de aquellas cepas rugosas y retorcidas que emergían de la tierra inerte, buscando el sol. |
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